viernes, 4 de septiembre de 2009

No marcho contra Chávez

Hoy la marcha es a medio día
en la Plaza de Bolívar,
contra Chávez, el caudillo
del pueblo venezolano.

Lo odian y de él denigran
porque al pueblo él admira,
los ricos y fríos apátridas
de Colombia, lo miran
y escupen de ira,
no soportan que un compatriota
con el poder de la palabra
contra los gringos levante critica,
y sobre el imperialismo
descargue sin pudor,
su artillería política.


Que es de un pueblo,
cuando sus dirigentes,
por su ambición y codicia
a los yanquis se arrodillan,
desolando el campo,
destruyendo la industria,
y dejando huérfanos,
a los hijos y niños
de una nación rica y viva.

Cuando será que las masas
se levanten y con sus manos
laboriosas agarren las hachas
y tomen el cielo por asalto,
haciendo justicia y a los
corruptos condenen a vagar
como pordioseros por el asfalto.

Merece este país,
un verdadero lugar,
donde exista igualdad
y el pobre tenga felicidad.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Ruta urbana 11


Una buseta alta, naranja, grande, imponente, tiene un recorrido fijo, diario y un traqueteo potente.

Suenan los golpes de mil ollas, cien latas y diez tambores.
Todos esperan al gran animal de llantas, tuercas y piñones que conduce un mortal, con maña y pericia. La caja de cambios necesita grasa, por eso cuando le mete segunda, tercera o reversa,
surgen voces anónimas: ¡Hi... jueputa, échele salivita!

La bestia por dentro es rústica y cavernosa, asientos desencajados y la decoración,
un atentado a la estética y al buen gusto. El chillido molesto emerge, de locutores acéfalos y melodías repetitivas.

En ella, quietos y sentados, hombres y mujeres escalan montañas de asfalto, descienden despeñaderos y recorren planicies.
Ella se funde con sus pasajeros y se hacen una sola, gacela, león o elefante, que poco a poco va pariendo crías, que va dejando por toda la ciudad.




Este búfalo motorizado a nadie obedece, solo a tres luces, redondas y luminosas, rojas, amarillas y verdes o en últimas a la autoridad de sombrero, placas y uniforme.

En su interior los voyeristas empedernidos celebramos todo un bacanal hedonista,
hacen presencia las expresiones más variadas y ubérrimas del género femenino,
altas, bajitas, negras, monas, morenas y trigueñas, hermosos senos, bellos traseros, torsos de infinitas formas, cabellos de todos los colores y tonalidades, ojos, narices, orejas, mejillas, pestañas, frentes, cuellos y labios todos sin igual, irrepetible, entrañan el arcoíris que la naturaleza exhibe a granel en todas sus expresiones.

Desde las ventanas del automotor, se perciben una multitud arquitectónica, casas, edificios y
todo tipo de construcciones, son mujeres, de cemento, ladrillo, columnas, esqueletos,
fachadas y pinturas, que contemplo con morbo, con gusto, curiosidad y lascivia,
porque como a ellas, me ansió por sus formas, siluetas, colores y figuras.

Porque al igual que los senos, la brisa recorre los balcones para acariciarlos,
como las hermosas puertas, dan placer tocarlas y entrar por ellas; las ventanas, hechas para
liberar las paredes del encierro, despiertan un instinto carnal por penetrarlas,
a riesgo de pasar por ladrones.

Techos como cabelleras, reciben el sol diario, como el pelo de ellas, iluminan las calles frías
con su gracia.

Que exuberantes estructuras, los edificios, ¡cuántos pisos! que exquisitas casas, con esos
cielorrasos, esos recovecos, esos orificios, que delicia incursionar y adentrarme en todas,
conocer su interior, sentir sus aromas, a la hora del almuerzo o cuando ya hicieron oficio,
palpar sus muebles, pisar sus baldosas y ensuciar sus alfombras.


Que vértigo ir de arriba abajo, de adentro afuera, en los ascensores de las torres,
que se mecen como caderas de bailadoras y nalgas de culonas, al vaivén del cielo,
untadas de nubes y postradas en la tierra firme y húmeda,
enterradas pero inmóviles para que sus amantes no las rapten.

Esa misma buseta, que recorre la calle cuarta, pasando por Electrolux,
Maos, Pan caliente, Visnú, Nuevo Libro, el Gaitán, El Hospital municipal,
Comfamiliar, el barrio Cañarte, es el mismo hombre, animal carnívoro,
que saborea las edificaciones, impregna con su humo negro
todas las fachadas y entradas, marcando territorio,
aplasta los charcos, levanta faltas y sopla piernas,
no deja calle virgen.

Pero llegó mi hora, en la cuarenta con sexta, me bajo agitado por la orgía urbana
y con ganas de repetirla esta vez con mi carne y mi deseo insatisfecho,
buscando una tigresa que haga hervir mi sangre.



martes, 1 de septiembre de 2009

Yerba mala

Soy oscura y clara, nazco en muchos lados, me buscan y me arrancan,
me atropellan, me degollan, me han matado con sus manos,
descuartizan mis ramas, muelen mi sustancia, me sacrifican.

Me dicen mala yerba, porque no ven en mi nada, y sin embargo aquí estoy,
pero me gusta que lo hagan así, que me ultrajen, que me den importancia,
porque me entristece la indiferencia, la apatía, que me dejen malvivir,
sin siquiera contemplarme, porque soy bella, tengo formas y colores verdes,
un olor suave y dulce y ácido, mi pelo es lacio, crespo o rizado, crece con sol,
pero me duelo por dentro de soledad, solo el agua me alimenta, el sol me calienta,
solo la brisa me acaricia, la tierra me da la vida y la noche me arrulla con sus murmullos,
el amanecer me consuela, las nubes me guían y el cielo me brinda algo de su eternidad y paz, estoy feliz.