miércoles, 17 de febrero de 2010

Darwin

Dedicado a todos aquellos consumidores que sufrimos el abuso de la autoridad,
mientras los narcos se toman cocteles con los altos mandos de la policía y el ejército..


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Las tripas chapaliaron, una corriente de calor intenso subió a su cabeza, la furia más troglodita se apoderó de el, cuando advirtió que aquél individuo, encerrado en su baño, se auto complacía de manera reiterada y vehemente. Unos pasos de gigantes retumbaron, el infractor, al percatarse de la amenaza en ciernes, se fue de güebas con la candela (Irse de güebas: dícese de guardar o esconder algo en los calzoncillos, calzones o en su defectos, las originales güebas).

De norte a sur, pasando por ríos, prados, selvas, montañas, cordilleras, valles y mares, el tabaco fue considerado por los indígenas como una planta sagrada, por sus características muy propias, supongo. La nicotina, una de las sustancias más consumidas por el hombre, causa más muertes que la mariguana, la cocaína y la heroína juntas.

Hace exactamente 96 años, piadosos religiosos iniciaron una violenta cruzada contra una serie de sustancias, usadas como medicinas o simplemente por placer. Estos puritanos querían salvar a las masas de la desgracia y de la inmoralidad, inducida por el demonio o por deidades paganas y encauzarlos hacia la senda del bien, de Cristo y de las buenas costumbres. Sin embargo, la reprimenda y terronera se enfocaba en la minorías étnicas, insanas y corrompidas, debía prohibirse: a los negros la cocaína, a los alemanes la morfina y la heroína, a los italianos e irlandeses el alcohol y a los mexicanos la mariguana. Sostenía H. Wright, un alcohólico empedernido y principal ponente de la “guerra contra las drogas” en el Congreso de los Estados Unidos, que “ni el arte ni la ciencia podían ignorar el evangelio” por lo que había que “salvar a la humanidad del vicio”.

Darwin, gran científico, biólogo y creador de la teoría de la evolución en contraposición al chisme milenario de la creación, sostuvo que la naturaleza se rige por la ley del más fuerte. Hoy en día, aplica también para los hombres. A un mafioso, un terrateniente, un industrial, un magnate, un político rico, un militar de rango, ¿quien le reprocha sus hábitos?

4 comentarios:

Paola dijo...

¿Osea que el problema es que no se lo reprochen a todos?

Si se le reprochara a todos ¿entonces podemos pasar al punto realmente importante de la discusión que es el de qué tan autónoma es la persona que depende de las drogas (las drogas sintéticas u otras usadas en contextos sociales que difieren claramente de los usos ancestrales) para vivir?

¿Habrá que configurar un nuevo mundo para quienes consumen alguna sustancia, para dejar de justificarnos en contextos y acciones ajenas a las propias?

Mauro dijo...

QUe buena pregunta, bueno, y que necesidad hay en centrar la discusión entorno a la autonomía de la persona?
Justificar una respuesta paternalista por parte del Estado o un asunto que solo compete al individuo ?

Paola dijo...

Pero no se trata de justificar una posición paternalista del Estado, es claro que es inaceptable que el Estado se meta en asuntos que sólo competen al individuo como su propia autoderetminación.

Lo que digo es que como todo, el consumo de licor, drogas etc. debe ir precedido de la reflexión y del manejo de las sustancias por uno mismo y no al revés. La verdad es mero cliché pero no deja de ser cierto y necesario para no prederse a uno mismo y alejarse de lo que se quiere (si es que eso se tiene claro). Además se disfruta más cuando no se vuelve rutina (al menos con ciertas sustancias).

Maurcio Vargas dijo...

Totalmente de acuerdo, se disfrutan de verdad cuando se consumen de vez en cuando. Cuando se vuelven consumos diarios, se vuelven aburridas, se vuelven parte de la rutina, de la que supuestamente nos han de sacar.