jueves, 6 de agosto de 2009

Dame un tintico.

Agua con polvo café, se torna oscura y espesa.
Que sabor tan amargo, pero que bien se siente.

Son las semillas de la tierra, pepitas de las montañas.
Color verde o rojo. Cuando la modorra asecha,
sale la cafeína resuelta, a repeler y combatir,
con toda su fuerza, los designios del no ser.

Un tinto para amanecer, tibio y lúcido,
el de la tarde, para bajar el almuerzo,
cuando se nos niega la siesta.
Y el de la noche, para aquellos misteriosos
y oscuros noctámbulos.

1 comentario:

Verónica Franco Ortegón dijo...

nunca se me hubiera ocurido hablar del cafe.. buena esa mauro !!...esos son los temas con los que hay que incursionar....